Llegué al límite, camino sin fuerza alguna, camino entre árboles que me ayudan, me sirven de apoyo, me levantan, me ayudan a seguir adelante, pero las enredaderas y espinas me impiden levantarme. Aun sigo adelante no miro atrás en el camino, solo miro al frente. Veo una luz, me llama, quería llegar a ella, allí donde me encontraba estaba todo oscuro, necesitaba llegar a esa luz. Poniendo toda mi fuerza y empeño, llegué.
Cuando salí a la claridad, me frote los ojos, y los abrí poco a poco. En un principio no veía nada, la luz me cegaba. Cuando mis ojos captaron tal paisaje, comenzaron a llorar de alegría y a la vez de tristeza, mi mente decidió seguir andando hasta llegar al borde de aquel precipicio. Por un momento mire hacia atrás y vi todo por lo que había pasado, todo el camino que había recorrido y sufrido para llegar hasta donde estaba. Volví a mirar hacia adelante, y solo se veía mis pies en aquel borde y ese bello paisaje. Pensé, abrí los brazos, aun caían lagrimas de mis ojos, contemple el paisaje por unos segundos, sentí la brisa fría en mi cara, respire hondo, y solo me deje llevar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario